Contemplación.
(Para Peter)
Ella se ha sentado hace un rato sobre mi agua mansa y tranquilamente traza con su dedo espirales infinitas de cualquier cosa, hablamos y hablamos toda la noche, después ni siquiera tengo resaca, por primera vez estoy seguro de haber hecho feliz a alguien, o es al revés?
"Nacida para amarte", canturreas de la alcoba al patio donde te cuidas de no pisar en las partes soleadas que a ésas horas son cráteres solares de cemento.
Tienes tu gracia de puntillas sobre los dedos pequeños pintados de rojo, suenan las pulseras y jacarandas de tus tobillos, el aire es de gardenia, de jazmín y de rosas, y socarrona juegas con mi esperanza.
"No me vas a dar un beso?", me quejo.
"Sales poco, te falta catálogo!", me sueltas en jarras, y no siendo poco, aún sigues:
"Además te crees que el amor es una grieta abisal donde tu monstruo y el mío se devoran! Me hartas con tus dramas, que al final son una copia del eco de lo que alguien escribe. Alguien ñoño y resabiado."
Estoy desamparado frente a la doble columna de nácar de tus piernas, anoche mi portal trinitario y hoy escapada en turba por la puerta.
Cómo detenerte, mi cervatillo saltarín.
Rodear tu cuello suavemente y doblarte sobre la mesa, clavarte como al primogénito, ser yo el mismísimo martillo y el clavo!
Una promesa te debo, mi pajarito, no te muevas.
Caigo, y fundido en negro, despierto de madrugada y ella no está,
Amanda del Lobo ...
A veces te imagino, oigo los pasos nuevos de tus otros zapatos y casi te paseas por mi mundo!
Te cambio el nombre y te pongo otro color de pelo, pero siempre eres tú, mí palomita blanca.
Menos insatisfecho, espero en la silla del salón de baile mi turno, hoy vendrás, y yo me mostraré para tí.
Por el camino empedrado suben los invitados ya oigo tu risa y paladeo tu presencia, mi hembra viene, sonrío.
La orquesta acomoda instrumentos y partituras, tus ojos y los míos se acaban de encontrar, va a empezar el baile y me miras mientras cruzas la sala y en graciosa reverencia ofreces tu frente mientras te beso con devoción de sacristán.
Quiero retenerte, te digo, hasta el fin de los días.
Eso es mucho tiempo!, me contestas mientras giras en círculos trazados magistralmente como un satélite a su planeta. Obligados.
S. B.

